¿Se necesitan las hadas madrinas?

¿Se necesitan las hadas madrinas?

Portada

Un hada madrina pedagógica

Gema Herráez Peñas

Quería ayudarla, pero en cuanto aparecí, empezó a pedir indiscriminadamente un príncipe, un castillo, 300 doncellas, joyas, vestidos, zapatos. Consideré que necesitaba una lección y la convertí en hada madrina. Así sabría lo agotadora que resulta nuestra labor.

Destino Inesperado

Eliana Soza Martínez

Por una falla de coordenadas del multiverso, al usar su varita, el Hada Madrina llegó a un castillo derruido. Allí se encontró con Merlín. El flechazo fue inmediato. Ya nadie conoció la mesa redonda ni Cenicienta fue princesa.

«Magia naranja»

Analia Romero Martín

La señora regordeta preparó su varita mágica. Estaba dispuesta a convertir las alpargatas en zapatos de cristal, los ratones en corceles y el fruto anaranjado en carruaje. —Transformá la calabaza en puré —dijo la joven. —El resto está bien así.

¡Harta!

Nuria Hernández García

Viajó de cuento en cuento con la esperanza de que alguien la despojase de su varita mágica y la convirtiese en humana. No quería poderes mágicos, sólo ser mujer.

Divorcio rápido

Rosalía Guerrero Jordán

Me costó convencerla, pero, al final, mi hada madrina ha accedido a ayudarme a deshacerme de mi esposo, el Rey. El único problema es que ahora se pasa toda la noche croando en la fuente del jardín.

Esperando a un magnate

Néstor Rubén Giménez

Había tocado fondo cuando ella, tambaleándose, desaliñada y despeinada, se me apareció. Farfulló algo y entendí que me ayudaría. Batió su varita sin elegancia y aquí estoy: dentro de una botella de Herradura, en una oscura destilería de Jalisco.

¿Tan tonta como parece?

Ana María Abad García

A fuerza de fingir sordera, despiste y torpeza, arruinando continuamente mis encargos y dejando a mi paso un reguero de clientes insatisfechos, la Agencia de Hadas Madrinas ha optado ¡Al fin! Por concederme la jubilación anticipada. Ya soy libre.

Cierto rey

Carlos Enrique Saldívar

En una de tantas noche de miseria, se me apareció mi hada madrina y me concedió un deseo: ser un rey. Ahora tengo refugio, soy el rey de las ratas, y mi hada madrina trae mi comida a las cloacas.

Decisión

María Alvarado De la Rosa

Después de recibir de la andrajosa jovencita, todo lo necesario para realizar el hechizo. El hada madrina dijo las palabras mágicas… ¡Blum! El hada se convirtió en una hermosa princesa que corrió a encontrar el amor.

La magia se conserva

Natividad Villar Martínez

De mi profesión anterior creía conservar sólo una varita y un traje. Por ello no entendía, que en la oficina transformara a los ineptos. El jefe me ascendió sin saber, que las hadas madrinas también hacemos desaparecer a los egocéntricos.

La bella somnolienta

María Isabel Grijalva de León

Sentir su mano izquierda en la frente, me hizo abrir los ojos de sopetón y, ahí estaba, mi alucinante Ada madrina sacudiendo su varita mágica.
—¡Nieta adorada el termómetro indica que la fiebre feneció!

Chivos expiatorios

Maribel Sánchez Matías

La princesa desapareció. El reino culpó a las hadas madrinas, pero la reina pronunció el nombre de su hija, ellas siguieron ese eco hasta encontrarla. Así, el poder real, sin dejar de cazar hadas, hizo desaparecer primero a la madre.

Cabaret

Rosaura Béjar Hernández

Camino sin rumbo, con la mente extraviada en agobiantes sueños. Una elegante mujer me ofrece ayuda: vestido, zapatos, joyas que enriquecen mi persona. Cruzó la puerta y cientos de ojos con mirada lasciva desnudan mi alma.

Fin de los caprichos

Virginia González Dorta

—Quiero un deseo —dice la princesa.
—Imposible, la varita mágica está agotada —contesta su hada madrina.
—Pediré yo el último deseo, toma la vara y hazme príncipe.
Pasado el tiempo, en el castillo viven felices la princesa y el príncipe trans.

Inocencia

Karla Barajas

—Un hada madrina —señala Samantha, de diez años.
—¿Dónde?
—En la cortina. —Descubro una imagen impresa.
—¡Pensé que era una de verdad!
—Mamá, esas no existen. —Sonrío y respondo:
—No digas eso; cada vez que alguien lo dice, muere una.

Tormenta

Antonio Arjona Huelgas

Gregorio pidió a su hada madrina un clima favorable para ver a su amada. Ella se refugió en el palacio ante la tormenta y, al verla, los fuertes vientos lo derribaron de la torre más alta. Murió feliz.

Amachay

Alicia Araoz

Las mujeres conocían el poder de Amachay, el hada madrina perfumista. Si eran acechadas las envolvería con feos olores haciendo huir al acosador. Pero si aparecía un gentilhombre las rodearía de una fragancia exquisita para que ellos cayeran perdidamente enamorados.

Auténtica

Karla Peña

Harta de los estándares de belleza, pedí un deseo a mi hada madrina:
—Devuélveme la naturalidad de mi cuerpo, la sencillez de mi uñas, la ligereza de mis pestañas y la frescura de mis labios.
—Concedido: mujer real.

Pluma y corazón

Antonieta Arrecis

Pidió su historia de amor verdadero. Se lo concedí. Tomé una pluma de gorrión y la coloqué en su corazón. Las letras brotan como manantial, narrando las asombrosas historias donde el lobo la devora, la protege con locura y pasión.

De celulares, likes y wifi

Rosa Esperanza Sánchez Gracia

El niño que sólo creía en su celular.
Una noche su hada madrina apareció en su pantalla de celular , no había WiFi, le tocó the frente y apagó el dispositivo. Afuera brillaban las estrellas.
El niño se asomo por la ventana miró arriba, sonrió y, por primera vez, creyó en algo real.

Efluvios de metro

Janeritte Hermenegildo

—Tengo que ir al dermatólogo— murmuró el joven al tiempo que se rascaba y sangraba el aductor del pulgar. «Ojalá existiera un hada madrina para él» deseó la joven que compartía asiento a su lado, mientras un aroma a Cannabis se paseaba por el vagón.

Graduación

Juana María Rodríguez Arriaga

Lloraba desconsolada al no poder asistir a la ceremonia, cuando de repente apareció y, con su varita mágica, me envolvió la toga, colocó el birrete y apareció la motocicleta que me llevó de prisa. Siempre agradeceré a mi hada madrina.

Hada Madrina Despedida

Norma Beatriz Castillo

El Hada Madrina quiso conceder un deseo, pero confundió la lista. Al Ogro le dio pestañas largas, al Príncipe una escoba voladora y a Cenicienta bigote. Desde entonces abrió una peluquería mágica. Todos salían felices, aunque irreconocibles.

Las costureras del alba

Julio César Aguilar

Tres hadas madrinas velaban un sueño humano. Bordaron luz en el miedo, cosieron pan al hambre, y soplaron valor. Al amanecer, nadie las vio, pero el mundo despertó menos cruel, más atento al milagro cotidiano de gestos mínimos y compartidos.

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Primera edición: julio de 2026.
Colección: Brevedad.
Impreso y hecho en México.

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