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Consulta sin fin
Todas las mañanas llega muy temprano a su consultorio. Cuando abrió la puerta, la pequeña de 4 años jugaba con la báscula. Sabía que algo en su voz la asustaba, así que evitó hablarle. Solo le extendió la pequeña muñeca tejida, esperando que fuera de su agrado. La miraba jugar de reojo, en lo que prendía su computadora para iniciar las consultas del día. Intentaba retrasar lo más posible el llamado a su primer paciente. En cuanto alguien más cruzaba la puerta, ella desaparecía. Y volvería a verla hasta el día siguiente. Siempre regresaría al último lugar donde estuvo viva. Antes de caer en choque y morir por desnutrición severa. Su madre fue detenida por negligencia materna. Desde entonces se han convertido en una compañía mutua.

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