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Literatura Universal
Acerca de las clases

Tema: subgéneros líricos 1

Objetivo: conocer tipos de poemas.

 

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¿Qué es la canción?

 

La canción es una forma de expresión artística que combina música y poesía. Consiste en la composición de una melodía acompañada de letra, la cual puede estar destinada a ser cantada por una o varias personas. La canción tiene diversos objetivos: expresión de emociones, comunicar mensajes, entretener o la preservación cultural. 

En las sociedades antiguas, la música y la poesía estaban estrechamente entrelazadas. Las comunidades solían transmitir historias, mitos, tradiciones y emociones a través de la música vocal. Estas primeras formas de canciones podían estar acompañadas por instrumentos musicales simples, como la percusión o la flauta hecha de materiales naturales.

A medida que las civilizaciones avanzaron, la música vocal se desarrolló en formas más complejas. Por ejemplo, en la antigua Grecia, se crearon géneros como la oda y el himno, que tenían características líricas y poéticas. En la Edad Media, surgieron formas de música sacra y profana, como el canto gregoriano y las canciones trovadorescas, que influirían en el desarrollo posterior de la música vocal.

Ejemplo

Cada alumno anotará y presentará la canción.

¿Qué es la oda?

 

Una oda es un tipo de poema lírico que generalmente está destinado a exaltar o glorificar a una persona, lugar, objeto o idea. La oda es un género poético que tiene sus orígenes en la antigua Grecia, donde poetas como Píndaro y Safo escribieron odas para celebrar eventos públicos, victorias atléticas o para alabar a los dioses.

Las odas suelen tener una estructura formal y solemne, y a menudo están escritas en estrofas regulares y con un lenguaje elevado y emotivo. Además, suelen contener elementos como la invocación a una musa, el uso de imágenes poéticas y simbólicas, y una clara expresión de sentimientos de admiración o reverencia.

 

Ejemplo

 

Pítica 1 (472 a. C.) 

A Hierón Etneo, rey de Siracusa

¡Preciosa lira de oro,
del Castálide coro
y de Febo, delicias e instrumento!
De las danzas triunfales
tus ecos son señales:
tú riges su compás y movimiento,
y de tu son, al empezar la fiesta,
se ve pendiente la armoniosa orquesta.

 

Tú, con acento tierno,
el fuego sempiterno
del penetrante rayo apagar sabes.
Por tu voz arrullada,
en el cetro posada
de Júpiter, la reina de las aves
con las alas caídas se adormece:
blanda nube sus ojos oscurece.

 

Su cabeza arrogante
con el pico punzante
en plácido sopor toda se anega;
tu vibración divina
al águila domina
y su espalda fortísima doblega,
y ablanda el pecho del violento Marte
que depone su lanza al escucharte.

 

Al corazón derechas
de los dioses, tus flechas
van, por Febo y las musas disparadas.
Cuando, en tierras o en mares,
al oír los cantares
que entonan las Piérides sagradas,
de terror algún hombre se estremece,
es porque Jove Sumo lo aborrece.

 

Así en atroz castigo
Tifeo, el enemigo
de las deidades, en el Orco gime.
Nutrieron sus cien bocas
de Cilicia las rocas,
y Cumas hoy su hirsuto pecho oprime;
y aplasta su cabeza el Mongibelo,
de nieve creador, pilar del cielo.

 

En su seno profundo,
de fuego furibundo
el Etna nutre inagotables fuentes.
De día, negra nube
espesa al éter sube;
mientras de noche, líquidos torrentes
de lava, el monstruo de Vulcano arroja,
que al mar girando van, cual sierpe roja.

 

Contemplar es tremendo
el prodigio estupendo:
terrible, si alguien de Sicilia llega,
oír que encadenado
está el gigante osado
en la selvosa cima, y en la vega
del Etna ponderoso: duro lecho
que desgarra al Titán espalda y pecho.

 

Alcance yo la suerte
¡oh, Jove!, de placerte,
a ti, que de este monte eres monarca,
cuya sublime altura
como frente fulgura
de la ferace sícula comarca,
y cuyo nombre dio, con nuevo lustre,
a su ciudad el fundador ilustre.

 

El pítico trofeo
al alcanzar, Etneo
el heraldo a Hierón alto pregona.
Si, cuando el ancla leva
favorable se eleva
viento que llena la extendida lona,
el marinero alégrase, y predice
a su nave retorno aún más felice.

 

Así esta alta victoria
a Etna promete gloria,
y banquetes, y música y laureles.
Tiempo vendrá que asombre
al mundo el gran renombre
que le darán sus rápidos corceles.
Oye las preces que a tu trono elevo,
rey de la errante Delos, licio Febo!

 

¡Dios a quien tanto place
la selva donde nace
en el Parnaso la Castalia fuente!
Concede a estas regiones
magnánimos varones.
El que fuerte nació, sabio, elocuente,
lo debe a las deidades; que sin ellas
de la virtud no seguirá las huellas.

 

Al gran Hierón yo quiero
hoy ensalzar, y espero
mi aguda flecha no vibrar en vano.
Más lejos que ninguna
la hará llegar Fortuna,
y a mis rivales vencerá mi mano.
¡Tráigale el tiempo dicha y opulencia;
olvido y curación de su dolencia!

 

Recordar sus campañas
pudiera, y las hazañas
que consumó con temerario arrojo;
y el enemigo fuego
que más que a ningún griego
poder le dio, y un cetro en sangre rojo.
Cual Filoctetes, militó doliente,
y a amigos ruegos se rindió el valiente.

 

De aquel la historia narra
que mientras le desgarra
allá en Lemnos la pierna úlcera horrenda,
vienen héroes (iguales
a dioses inmortales)
y lo llevan por fuerza a la contienda,
do pone fin de Troya al largo asedio,
y de los griegos al trabajo y tedio.

 

Enfermo todavía,
ni caminar podía
el gran flechero que engendró Pëante;
mas decretado estaba
que el griego sin su aljaba
jamás entrara en Ilïón triunfante.
¡Dios a Hierón también propicio sea!
Con la salud le dé cuanto desea.

 

¡Óyeme, oh, musa amiga!,
y ven de la cuadriga
los triunfos a cantar a Dinomenes;
que no es para un buen hijo
ajeno regocijo
el ver ornadas las paternas sienes.
Un himno grato al heredero entona,
musa gentil, de la étnica corona.

 

Para él Hierón augusto
a Etna ha fundado; y justo
le concedió la libertad divina,
y el sabio código Hilio;
porque agrada al Panfilio,
y a los que del Taigeto en la colina
moraron, nietos de heraclidas reyes,
de Egimio conservar las dorias leyes.

 

Su código sagrado,
el pueblo afortunado
trajo del Pindo, al río cristalino
que baña a Amicla santa;
donde sus tiendas planta.
de los divos Tindárides vecino,
de blancos potros domadores diestros,
y en vibrar el lanzón grandes maestros.

 

¡Oh, Júpiter! Ordena
que cuantos del Amena,
pueblos y reyes, moran en la orilla.
conserven el renombre
que la opinión del hombre
les da; y el héroe que en el trono brilla
con la voz y el ejemplo a su hijo guíe,
nos dé la paz, y la invasión desvíe.

 

¡Oh, Saturnio! Concede
que tranquilo se quede
el lidiador fenicio en su Cartago;
y de su ataque brusco
desista el fiero etrusco,
recordando de Cumas el estrago,
do, sumergida su dispersa flota,
a sus huestes hirió fatal derrota.

 

De servidumbre fiera
libró a la Grecia entera
la armada del señor siracusano.
Quiero cantar la ruina
de Persia en Salamina
por el valor de Atenas sobrehumano;
y el que mostrara Esparta, alto denuedo,
en Citerón, contra el arquero medo.

 

Mas no les cede en gloria
la sublime victoria
cabe las claras linfas del Himera.
Hierón allí y su hermano,
junto a su padre anciano,
desbarataron multitud guerrera.
Mi agradecida musa les ofrece
himno triunfal, que su valor merece.

 

Quien mucho en breve canto
dice, no excita tanto
de maliciosos émulos la envidia.
Soy breve; que al oyente
de ánimo más paciente
prolijo panegírico fastidia,
y la alabanza de ínclitas acciones
suele roer ajenos corazones.

 

¿Qué importa? Nunca al bueno
de la Envidia el veneno,
siempre el desprecio al infeliz aflige.
Sigue, pues, animoso
tu camino glorioso:
con seguro timón tu pueblo rige;
y en roja fragua de verdad egregia
refunde con valor tu lengua regia.

 

Cuanto de ti proviene
doble esplendor obtiene,
aunque trivial lo juzgues y sencillo.
Cien ojos te rodean:
que en ti mancha no vean,
¡oh, de mil pueblos príncipe y caudillo!
Si en algo estimas a la dulce Fama,
el oro en torno liberal derrama.

 

A fuer de buen piloto,
apenas sople el Noto
iza de tu bajel todas las velas.
A adulador fingido
no escuches, rey querido,
si en la posteridad vivir anhelas.
Los poetas no más, e historiadores
entonan de los muertos los loores.

 

No muere la memoria
de Creso. Mas ¿qué gloria
a Faláride trajo el férreo toro?
Celebrar al verdugo
a la lira no plugo,
ni de niños o vírgenes al coro.
Primero es la virtud; luego el renombre.
Si ambos obtiene, ¿qué más quiere el hombre?

¿Qué es la elegía?

 

La elegía es un género poético que se caracteriza por expresar sentimientos de dolor, tristeza y melancolía, generalmente en respuesta a la pérdida de algo o alguien. Tradicionalmente, las elegías se escribían en honor a personas fallecidas, pero también pueden abordar otros tipos de pérdida, como la destrucción de un lugar, la pérdida de un amor o cualquier otro tipo de desgracia.

La palabra «elegía» proviene del griego «elegos», que significa «lamento». En la literatura clásica griega y romana, las elegías eran poemas escritos en forma de lamento o queja, a menudo acompañados de música. Sin embargo, en la literatura moderna, el término se ha ampliado para incluir cualquier composición poética que exprese tristeza o dolor.

Algunos ejemplos de elegías famosas incluyen «Adonais» de Percy Bysshe Shelley, escrita en memoria de John Keats, y «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías» de Federico García Lorca, escrita en memoria del torero Ignacio Sánchez Mejías.

Algunas ejemplos de odas famosas son la «Oda a la alegría» escrita por el poeta alemán Friedrich Schiller en 1785. Es conocida por ser el texto sobre el cual Ludwig van Beethoven basó el cuarto movimiento de su Novena Sinfonía. «Oda a un ruiseñor» de John Keats en 1819, donde el autor explora temas como la belleza, el arte, la mortalidad y la relación entre la realidad y la imaginación. Y la»Oda al vino» de Pablo Neruda, parte de la obra «Veinte poemas de amor y una canción desesperada» del poeta chileno Pablo Neruda, que fue escrita en 1924 y celebra la experiencia de beber vino como una metáfora de la vida y el amor.

Ejemplo

 

Adonais (fragmentos)

 

I

 

Murió Adonais y por su muerte lloro.

Llorad por Adonais, aunque las lágrimas

no deshagan la escarcha que les cubre.

Y tú, su hora fatal, la que, entre todas,

fuiste elegida para nuestro daño,

despierta a tus oscuras compañeras,

muéstrales tu tristeza y di: conmigo

murió Adonais, y en tanto que el futuro

a olvidar al pasado no se atreva,

perdurarán su fama y su destino

como una luz y un eco eternamente.

II

 

Oh poderosa madre, ¿dónde estabas

cuando él murió, cuando cayó tu hijo

bajo las flechas que lo oscuro cruzan?

¿En dónde estaba la perdida Urania,

cuando él murió?… Con sus velados ojos

permanecía atenta entre los Ecos,

allá en su Edén… De nuevo vida daba

alguien, con suave y amoroso aliento,

a todas las marchitas melodías,

con las que, como flores que se mofan

del sepulto cadáver, adornaba

el futuro volumen de la muerte.

III

 

Llora por Adonais puesto que ha muerto.

Oh madre melancólica, despierta,

despierta y vela y llora todavía.

Apaga cerca de su ardiente lecho

tus encendidas lágrimas y deja

que tu clamante corazón, lo mismo

que el suyo, guarde un impasible sueño.

El cayó ya en el hueco a donde todo

cuanto hermoso y noble descendiera.

No sueñes, ay, que el amoroso abismo

te lo devuelva al aire de la vida.

Su muda voz la devoró la muerte,

que ahora se ríe al vernos sin consuelo.

¿Qué es la égloga?

La égloga es un género literario que se originó en la poesía bucólica de la antigua Grecia y alcanzó su apogeo durante el Renacimiento. Se caracteriza por retratar la vida rural, especialmente la vida de pastores, en un entorno idílico y pastoril. La palabra «égloga» proviene del griego «eklogé», que significa «selección» o «elección», indicando la naturaleza selectiva y elaborada de este tipo de composición.

Las églogas a menudo presentan un diálogo entre pastores que discuten temas como el amor, la naturaleza, la política y la filosofía, todo ello en un contexto campestre. Estas obras suelen estar impregnadas de una atmósfera de paz, inocencia y armonía con la naturaleza.

Uno de los ejemplos más destacados de égloga es «Las églogas» del poeta romano Virgilio, que consta de diez poemas en los que se exploran diversos temas pastoriles. Otro ejemplo notable es «Églogas» de Garcilaso de la Vega, un poeta renacentista español que introdujo este género en la literatura española.

Ejemplo

 

ÉGLOGA I (fragmentos)

Tírito y Melibeo

 

MELIBEO

Tú, Títiro, a la sombra descansando

desta tendida haya, con la avena

el verso pastoril vas acordando.

Nosotros, desterrados; tú, sin pena,

cantas de tu pastora, alegre, ocioso,

y tu pastora el valle y monte suena.

 

TIRITO

Pastor, este descanso tan dichoso

Dios me lo concedió, que reputado

será de mí por dios aquel piadoso,

 

Y bañará con sangre su sagrado

altar muy muchas veces el cordero

tierno, de mis ganados degollado.

 

Que por su beneficio soy vaquero,

y canto, como ves, pastorilmente

lo que me da contento y lo que quiero.

 

MELIBEO

No te envidio tu bien; mas grandemente

me maravillo haberte sucedido

en tanta turbación tan felizmente.

 

Todos de nuestro patrio y dulce nido

andamos alanzados. Vesme agora

aquí cuál voy enfermo y afligido,

 

Y guío mis cabrillas; y esta que hora

en medio aquellos árboles parida,

¡ay!, con lo que el rebaño se mejora.

 

Dejó dos cabritillos, dolorida,

encima de una losa, fatigado

de mí sobre los hombros es traída.

 

¡Ay triste!, que este mal y crudo hado,

a nuestro entendimiento no estar ciego

mil veces nos estaba denunciado.

 

Los robles lo decían ya, con fuego

tocados celestial, y lo decía

la siniestra corneja desde luego.

 

Mas tú, si no te ofende mi porfía,

declárame, pastor, abiertamente

quién es aqueste dios de tu alegría.

 

TIRITO

Pensaba, Melibeo, neciamente,

pensaba yo que aquella que es llamada

Roma, no era en nada diferente.

 

De aquesta villa nuestra acostumbrada,

adonde las más veces los pastores

llevamos ya la cría destetada.

 

Ansí con los perrillos los mayores,

ansí con las ovejas los corderos,

y con las cosas grandes las menores.

 

Solía comparar; mas los primeros

lugares, con aquélla comparados,

son como dos extremos verdaderos,

 

Que son de Roma ansí sobrepujados,

cual suelen del ciprés, alto y subido,

los bajos romerales ser sobrados.

 

TIRITO

Podrías esta noche aquí tendido

en blanda y verde hoja dar reposo

al cuerpo flaco, al ánimo afligido.

 

Y cenaremos bien, que estoy copioso

de maduras manzanas, de castañas

enjertas, y de queso muy sabroso.

 

Y ya las sombras caen de las montañas

más largas, y convidan al sosiego;

y ya de las aldeas y cabañas

despide por los techos humo el fuego.

 



 

TAREA

Resuelva los siguientes ejercicios en la libreta.

 

1. ¿Cómo suele ser la estructura de las odas?

  • Formal y solemne.
  • Libre y cómica.
  • Con dos coros y tres estrofas.
  • No tiene estructura.

 

2. Relacione los tipos de lírica con lo que transmiten.

Líricas 

  • Canción
  • Oda
  • Elegía
  • Égloga

Transmiten

  • Lo bucólico.
  • Dolor, tristeza y melancolía.
  • La exaltación de una persona, objeto, paisaje o idea.
  • Sentimientos o mensajes en general.

 

 

3. Clasifique dos ejemplos de elegía.

 

Oda a un ruiseñor.    Adonais.     Oda al vino.      Viento del exilio.     Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.

 

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