Curiosidades

Published on febrero 22nd, 2018 | by Yakami Barrón

¿Y si nos tomamos un café?

Parte tres:

¿La cultura nos salvará?

¿Ya fuiste a ver Coco? Yo no, y es que mi elitismo intelectual me ha llevado a tener tres razones para negarme. La primera es que cuando la gente habla tan bien de algo, no suele ser un buen indicador: ¡Alerta de historia genérica! En mí, y por experiencias pasadas, la publicidad funciona al revés. La segunda es que aborrecí un cover de la Bikina que parece pertenece a la película, un verdadero bodrio que me ofendió bastante pues parecía un karaoke midi de YouTube y alguien cantando sin sentido ni sentimiento, así de barato. La tercera es que no ha habido alguien cercano que valore su opinión que me la haya recomendado, todo lo contrario, esas personas también le guardan su distancia a la película.

No se tome esto como una crítica destructiva o lo que sea, simplemente es demostrar cómo mis prejuicios me mantienen alejado de algo ¿Y si así pasa con lo que yo quiero promocionar como buena literatura?

El primer prejuicio que tiene la gente por algo es la publicidad, cómo se vende ese producto y cuál es el objetivo. Uno de los grandes efectos que tiene esa película es hacer llorar. A mí esto me remite a La pasión de Cristo que también hizo llorar a varios mexicanos y que, a mí, en la escena donde le clavan la lanza a Jesús y sale el chorro de sangre a la Tarantino, no hizo sino arrancarme un resto de carcajadas como en el resto de la película al comprobar que, en efecto (como se vio en Los Simpson), “Mel Gibson es un viejo dinosaurio violento”.

Si nosotros llegamos a un salón de clases, a publicitar los libros, como ya se sabe hasta el cansancio, y les decimos a los alumnos que deben leerlos porque es importante no ser ignorantes: primero se acordarán de la escuela y cuán aburrido era “aprender”, luego nos mirarán a los ojos y verán un par de fracasados que están más endeudados que ellos ¿Por qué querer ser como nosotros?

El segundo prejuicio es quizá el más importante: la cercanía. En mi caso es sencillo, nadie a quien yo le dé credibilidad a su gusto (con respecto al mío) me ha convencido de verla. De igual forma, un niño sólo lee si su padre lee y le da muestras de que es una actividad valiosa. Si un profesor no explica con pasión o interés una historia ¿Por qué le creo cuando me recomienda que lea? Ni padres ni maestros quieren serlo; los primeros los tuvieron por no usar condón o creer que tener hijos es una etapa más en la vida en general, los segundos “enseñan” para ganarse el pan de cada día, y les importa muy poco mientras no les paguen más. El respeto a la figura del maestro debe empezar por el que la ejerce, si él mismo menosprecia su trabajo y se asume un fracasado que trabaja por necesidad ¿Por qué habríamos de respetarlo nosotros?

Por ello es obvio que la cultura es un hecho que define lo bueno y lo malo, las ventajas y desventajas, el florecimiento y la decadencia de una época, pero que es algo que ocurre inherentemente a la sociedad. Otra cosa muy diferente son expresiones culturales diversas y bagaje cultural personal. El bagaje cultural de uno sólo puede tener influencia en un sistema social cuando se asume como lo que es: un producto cultural más. No hay que exhibirlo ni explicarlo con tanto ornato, hay que ejercerlo, que se materialice en charlas, en proyectos, ya otros abrirán una brecha que muestre cuán importante es en lo personal las prácticas como la lectura.

Hay que explorar esas formas en las que yo no tengo que decirte qué es importante, porque tú lo puedes ver. No uses tus títulos universitarios, sino tus vivencias enriquecidas por el arte, no uses propaganda, usa tu sincero quehacer. Tú empleado “docto de la cultura”, no metas a los interesados en una sala fría y les digas que no pueden meter alimentos ni hablar, ni respirar, sal con ellos a tomar un café. La conversación es una actividad cultural poderosa de auténtico intercambio, es una dialéctica en la que no sólo el otro, sino tú mismo, saldrás beneficiado, o tal vez no. Da igual, al menos, hay muchas tazas de té, café o chocolate que podemos disfrutar juntos.

 

¿Y si nos tomamos un café? Yakami Barrón

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Summary: No se tome esto como una crítica destructiva o lo que sea, simplemente es demostrar cómo mis prejuicios me mantienen alejado de algo.


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About the Author

Crítico, corrector de textos, músico y escritor.



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