Curiosidades

Published on febrero 22nd, 2018 | by Yakami Barrón

¡No lo toques! ¡Es un objeto de culto!

Segunda parte:

¿La cultura nos salvará?

Ya Roland Barthes lo había señalado: los intelectuales pueden caer en el grave error de exagerar al alabar un texto literario. Se convierte al libro en un tótem que, más que ser consultado o disfrutado, queda relegado y se aleja de nuestros ojos lectores, se vuelve una reliquia imposible de acceder. Y como lo hemos notado, después los vemos llorando y preguntándose por qué nadie lee.

No queremos más intelectuales, queremos más ciudadanos.

Hace poco vi un documental muy bueno sobre mi alma mater: la ciudad universitaria. Sin embargo, lo importante no era la historia en sí, sino la reflexión de algunos de ellos que, parafraseando, señalaban: “No nos dimos cuenta de que al irnos del centro abandonamos la ciudad, perdimos la convivencia con el país”. Al ser un inadaptado social, admito que estudiar en C.U. era algo muy cómodo: la imitación de la burbuja parental de mi infancia que me protegía del entorno hostil con el cual me reusaba a dialogar; mismo aislamiento que, al terminar una carrera con mención honorífica, no me trajo sino una patada de impotencia al saber que yo no tenía ningún lugar en mi sociedad; no lo tenía, y era completamente mi culpa.

El problema es que la solución a la mano: becas para posgrados o puestos en la misma universidad, no son sino extensiones del mismo problema. De hecho, vivir de una beca que pagan los impuestos de los ciudadanos para mantenerme alejado del país y enclaustrar mi conocimiento y sólo sacarlo para quejarme de los miserables “incultos” no me hace mejor que un político, menos si directamente voy con esos políticos para que mis altos estudios no hagan sino confundir a la gente y le sirvan de propaganda al decir que este gran letrado está apoyando a la causa de tal o cual candidato con tal de devorar, una vez más, presupuesto de la gente. No queremos más intelectuales, queremos más ciudadanos.

Y es que el verdadero problema de enclaustrar el arte es que, sin querer, lo sacamos de su contexto. Meter a una orquesta en un lugar con buena acústica y con gran solemnidad, no siempre le hace justicia a lo que presenciamos ¿Por qué no suena Carmina Burana en los Table dance o en las cantinas de mala muerte? ¿Por qué se prefiere pagar sumas increíbles por rockeros de antaño y no se dan el gusto de mirar a un grupo de jóvenes tocar sus propias canciones si se supone que el rock nace como un género juvenil? ¿Por qué el trabajador no disfruta también Blues y Flamenco, siendo que estos son sonidos (al menos en antaño) de esclavos y mineros que comparten su dolor ante la opresión del patrón?

He hecho esta suma, porque me parece atinado demostrar que hemos desvirtuado los fines y los contextos del arte al llevarlos lejos, al hacerlos intocables e inalcanzables. La lectura tiene el mismo impacto, si en vez de ser una carga académica o una práctica erudita se la lleva a su contexto práctico, es posible que la veamos cómo es: un acto humano. Claro que trae muchas cosas buenas, pero a veces, esos resultados no son el objetivo, son resultados accidentales y sinceros, actos culturales per se.

Un verdadero espíritu de sencillez es necesario para bajar al arte de su tótem y darle su justo valor y tener un lugar (no tan problemático) en la sociedad ¿Podremos vivir de eso y ganarnos el pan de cada día? No lo sé. Lo único que he pensado al momento es lo que desarrollaré en la última parte: la cultura no se difunde a través de propaganda, sino ejerciéndola.

 

¡No lo toques! ¡Es un objeto de culto! Yakami Barrón

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Summary: Más que ser consultado o disfrutado, e convierte al libro en un tótem, una reliquia imposible de acceder. Y luego se preguntan por qué nadie lee.


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About the Author

Crítico, corrector de textos, músico y escritor.



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