Curiosidades

Published on marzo 18th, 2018 | by Yakami Barrón

La validez de un texto literario

Mis criterios de fallo (parte I)

En esta nueva serie de textos, me he visto en la necesidad de explicar cuáles son los criterios de fallo que tengo en esta revista; mismos que pueden o no coincidir con el resto del equipo editorial, pero que, desde mi punto de vista, es vital remarcarlos, pues creo que mis juicios de valor podrían inspirar ya sea la lectura crítica o derribar algunos mitos de la escritura.

al lector ahora le toca construir casi por completo el texto, por lo cuál, si la obra no cumple con el objetivo, es porque el lector no es lo suficientemente capaz. La flojera del escritor se vuelve cada vez más evidente en este sentido.

Mea culpa. Aunque sólo hubo un comentario en contra, debo confesar que, dentro de las preguntas que les pedimos  que llenen a los participantes de la convocatoria, hubo una, en el pasado, de mi autoría que peca de elitista: ¿Por qué tu texto es valioso? Una pregunta que hábilmente fue cambiada por nuestro jefe y amigo Jesús Toledo por ¿Qué efecto buscas provocar? Un buen ajuste con una intensión similar a la pregunta anterior, pero sigue sin ser el filtro o punto de reflexión que yo deseaba poner.

Me parece vital mostrar cuál fue la única inconformidad que llegó al correo para debatir si fue prudente de mi parte elaborarla. Parafraseando la respuesta, el escritor señaló que la pregunta estaba fuera de lugar, que no había forma de fijar cuál era la valía de un texto; llegó a citar ejemplos de crítica destrozando el trabajo de un escritor ahora consagrado que en su tiempo respondió diciendo que “algo bueno hay en mis obras”. Sin embargo, debo disentir muy fuertemente de esta postura alimentada (y esto no es culpa de quien nos hizo esta observación) por dos costumbres dañinas que creo debemos erradicar: Captatio Benevolentiae y el lector activo.

La primera es un recurso de la retórica que se remonta a los años clásicos de Cicerón. Se trata de señalar que la obra quizá tenga errores, o que no es tan buena, en otras palabras, todos los actos de modestia que pueda hacer que un juicio sobre la obra se atenúe o, mejor aún, si el texto resulta ser muy bueno, sólo incremente la buena valuación del lector: “Pero si esto es increíble ¿Por qué dices que es malo?”

Guillermo del Toro ha mencionado que la valuación que él hace de su trabajo ha distado mucho de la aceptación del público; creía que ciertos trabajos saldrían mal, y todo lo contrario, la aceptación es buena. Sin embargo, aquí viene mi punto. Esto no quiere decir que no ponga el mismo empeño y esfuerzo en todos los trabajos, y que en un principio había un objetivo y una necesidad de plantear tal o cual cuestión y que, por lo tanto, vale la pena darla a conocer. El primero que debe darle valor a la obra es el autor mismo. Basta de modestia o falsa modestia, ambas son dañinas, pues no tienen nada que ver   con la humildad. La humildad es más un acto de equilibrio, de darse su justo valor, ni más ni menos y entender que las cosas pueden cambiar, así como admitir los errores cometidos.

La otra costumbre es relativamente reciente y nace de la fusión entre la teoría literaria y la creación. Al descubrir la existencia de un lector que tiene la última palabra y, a su vez, vuelve polisémica a la obra, nace una intensión creativa y efectiva de incentivar a ese lector a que colabore y cree grandes historias junto con el autor. A la par, nace un debilitamiento de la figura del autor, porque se desequilibran los rolles creativos: al autor nuevo se le reconoce su alto grado de “originalidad”  por la forma de fragmentar su obra, mientras al lector ahora le toca construir casi por completo el texto, por lo cuál, si la obra no cumple con el objetivo, es porque el lector no es lo suficientemente capaz. La flojera del escritor se vuelve cada vez más evidente en este sentido. No hay porque dar relevancia a uno u a otro acto, así no funciona el mundo. Los actores activos existían antes de descubrir esto, y las obras iban directo a un punto y se trabajaban con arduo esfuerzo.

Así pues, no queda sino remarcar que todo acto de escritura es un acto de amor a la literatura. Una manera de plasmar esa pasión que otros grandes autores han creado y que uno desea agregar algo porque siente esa necesidad. Valorar la literatura pasada y ser un gran lector crítico, más que ser una pesada carga para el escritor, debería ser un incentivo para decir: “decidí escribir esto porque tal tema no ha sido abordado desde esta perspectiva con mucha frecuencia y, por el contexto actual en el cuál estamos, es importante traerlo de vuelta con tales y cuales características. Por eso mi texto es valioso y le hace justicia a la literatura que tanto amo, creo que muchos deben leer mi texto por eso”. Eso es lo que se quiere escuchar, que haya pasión y estudio detrás de cada texto por pequeño que sea. No se vale que ningunees tu texto o lo dejes a medio hacer, se supone que lo amas y cuando amas algo, no dudas de su valor, lo sabes y no te cuesta mucho explicarlo.

 

La validez de un texto literario Yakami Barrón

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Summary: Breve reflexión acerca de la construcción literaria. Criterios propios de evaluación. Estoy en contra de la flojera del escritor.


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About the Author

Crítico, corrector de textos, músico y escritor.



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