Curiosidades

Published on marzo 18th, 2018 | by Yakami Barrón

El exceso de la ruptura en los relatos

Mis criterios de fallo (parte III)

En mi vida, yo he sido un gran promotor del arte disruptivo. Amante de la época romántica de la literatura, me vi tentado por validar una obra por mucho tiempo con base en su nivel de ruptura que establecía con el resto de la literatura. Sin embargo, a base de lectura, de comprensión del contexto histórico y de otros estudios multidisciplinarios, es fácil entender que la historia literaria nunca ha dependido de quién rompe más reglas para saber quién es  el mejor autor.

Si amamos la literatura, por respeto hay que comprometerse con el arte. De lo contrario, es mejor callar, que hacer ruido sinsentido.

Las obras nacen por una necesidad artística, que a su vez engloba un sentido comunicativo, efectivo y, aunque no lo parezca, objetivo. Así pues, lo que en un principio se lee como destruir el metro y la rima, ahora se entiende como una nueva búsqueda del ritmo para poder interiorizar una nueva visión del mundo; la ruptura en la línea temporal de una obra puede tener implicaciones culturales, filosóficas, políticas, etc.

Romper por romper nunca ha sido el verdadero motivo detrás de una obra. Para escritores primerizos es comprensible que se caiga en esta falsa creencia de que es necesario ser contracultural para ser artista o para que un texto tenga valides. De igual forma, y ya no a nivel estructural, se puede llegar a pensar que el uso de temas tabú o polémicos en un texto basta para ser disruptivo, así como volverse vago y difícil de descifrar, esto sin tomar en cuenta las faltas de puntuación y demás  ataques a la academia de la lengua.

Estos excesos sin fundamento trae dos malos resultados. El primero tiene que ver con algo ya expuesto antes: la flojera, la salida fácil. A veces parece que algunos elementos se disfrazan de disruptivos por la poca pericia que el autor se toma en crear su objeto, y prefiere llenarlo de retórica fuera del texto mismo para fundamentar y no admitir un error o no ser una persona más cuidadosa o, peor aún, ocultar su ignorancia de las reglas de la lengua escrita. Una actitud que espero nadie tenga, pues esto es ofender la propia profesión y cuestiona el hecho de que realmente se quiera escribir.

El segundo problema es el vacío. Si no hay una razón para romper la regla, quiere decir que ese arte nace hueco. Es el equivalente a tomar el micrófono y cantinflear. Las reglas están ahí por algo, y si se rompen, la razón debe ser superior a la razón para preservarla. Incluso, la ruptura bien ejecutada, muchas veces ni se nota, porque es un movimiento necesario para llegar al objetivo principal. De igual forma, una obra más clásica a veces tiene más propuesta que una sarta de garabatos sin sentido. Si amamos la literatura, por respeto hay que comprometerse con el arte. De lo contrario, es mejor callar, que hacer ruido sinsentido.

 

El exceso de la ruptura en los relatos Yakami Barrón

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Summary: La historia literaria nunca ha dependido de quién rompe más reglas para saber quién es el mejor autor. Debe existir una razón para romper las reglas.


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About the Author

Crítico, corrector de textos, músico y escritor.



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