Reseñas

Published on noviembre 22nd, 2017 | by Gabriel Ramos

Mínima invasión – médicos escritores ficcionando

A lo largo de los registros de autores en la literatura, los médicos más conocidos que se han dedicado a la escritura creativa podemos destacar a Pío Baroja, Antón Chéjov, Arthur Conan Doyle, François Rabelais, Friedrich Schiller; y a los mexicanos, Manuel Acuña, Enrique González Martínez, Mariano Azuela, Elías Nandino y Ruy Pérez Tamayo. En Mínima invasión, se ha hecho un esfuerzo por reunir a escritores contemporáneos con este perfil profesional.

Es así como nueve médicos mexicanos se unen para presentarnos noventa minificciones que prologa Antonio Cruz, médico generalista argentino. La selección y compilación del libro estuvo a cargo de José Manuel Ortiz Soto médico por la UNAM, con especialización en Pediatría y Cirugía Pediátrica, quien desde hace décadas se dedica a la narración y la poesía.

El título de la antología Mínima Invasión refiere al abordaje quirúrgico en el que se respetan al máximo la integridad de los tejidos. Este tipo de intervención permite, mediante incisiones mínimas, la visualización directa de estructuras anatómicas, órganos localizados en cráneo, tórax, abdomen, pelvis y articulaciones. De un modo similar (guardo proporciones físicas), me gustar pensar en el cuidado y disección de los autores a los temas y estrategias que presentan en sus ficciones mínimas.

Rubén García García, Diana Raquel Hernández Meza, Hilario Martínez Arredondo, Oscar Antonio Martínez Molina, José Manuel Ortiz Soto, Alfonso Pedraza Pérez, Victor Hugo Pérez Nieto, Elizabeth Pérez Ramírez (a) Gremlin y Paola Tena son los escritores publicados en este libro.

Para concluir, les comparto nueve minificciones de la antología:

 

Alzheimer

Rubén García García

Esa noche terminó de leer el libro del olvido, en el último instante las palabras jugaron como niños. Las luces se hicieron mortecinas y sobrevino el silencio, la oscuridad; los ojos veían sin ver y el alma dejó de tener sentido.

Buenas nuevas

Diana Raquel Hernández Meza

Para Ian; te amamos, pequeño

Un ratón ha nacido en Hamelin, fue anunciado con fanfarrias por todo el reino. A partir de hoy, dice el alcalde, el flautista tocará canciones de cuna todas las noches.

Sarcasmo

Hilario Martínez Arredondo

Cuando el caricaturista lo vio acercarse, pistola en mano, se lamentó no haber hecho a su boceto menos cruel y despiadado.

Última tarde

Victor Hugo Pérez Nieto

La anciana quedó sola. Dejó salir al viejo mastín como todos los días y éste no regresó. Entendió que era hora: puso flores en el jarrón, luego abrió el gas. Esa noche se encontrarían en un lugar secreto, más espacioso que su apartamento.

El placer de la carne

José Manuel Ortiz Soto

Lo despertó el bullicio de fiesta. Infinidad de gente disfrazada había convertido las calles de la ciudad en una enorme pista de baile. Desde lo alto de la iglesia y algunos edificios de gobierno, una lluvia de cohetes y bengalas salpicaba el cielo de truenos y luces multicolores. Cerró la ventana y fue a acostarse. Aquello era demasiada alegría inútil, aun para un joven fantasma como él.

Desengaño

Alfonso Pedraza

Me citó muchas veces. Me llamaba con el brazo extendido, se ofrecía. Alabó mi figura y le creí. Enceguecido de emoción iba a su encuentro; él me tentaba con algún roce fugaz antes de alejarse con altivez. Ahora, rendido, entregado, descubro su intención real y corro hacia él con rabia, decidido a todo, pese al estoque que brilla en su mano.

Laberinto intrincado

Oscar Martinez Molina

Preguntaron a un sabio cuál era, según su parecer, el laberinto más intrincado y difícil que un hombre puede enfrentar. Recordó aquellos pasajes literarios y descriptivos de los impresionantes laberintos ingleses, cubiertos de follaje en donde reyes y príncipes se jugaban el trono. Se asomaron también a su mente los intrincados recovecos mencionados en las obras árabes. La imagen del desierto, claro está que sin ninguna sola pared ni surco, encierra al hombre que vaga perdido en aquella inmensidad. El sabio cerró los libros, entornó la mirada al infinito, y dijo, a modo de respuesta:

—Los ojos de una mujer. Esa entrada al laberinto en la que el hombre, infeliz, se enreda y se pierde a cada paso.

 

Carta al purgatorio

Elizabeth Pérez Ramírez (a) Gremlin

Leonardo:

Como eres un genio de las matemáticas te preguntarás que haces ahí, si según tus cálculos ya has cumplido tu tiempo de penitencia. Pues bien, he hecho uso de mis influencias. Te hemos perdonado el descuido para realizar algunas de tus obras dejándolas inconclusas, haber ideado máquinas de destrucción, tu enorme vanidad y el desmesurado orgullo, incluso el trato con cadáveres, tomando en cuenta que los resultados de esto último beneficiaron a muchos.

Lo que no te perdono es que durante siglos la humanidad ha estado intrigada con la figura a mi derecha en “La última cena”, derramando ríos de tinta acerca de su identidad. ¿Y yo? ¡En segundo plano por culpa de tus ambigüedades!

Lo siento. Sé que debo perdonar, pero me digo que fui hombre y tengo debilidades; algún día lo lograré y te traeré ante mi Padre. Mientras tanto, ten paciencia como la he tenido yo.

Jesús

 

La vida entera

Paola Tena

La bala abandonó el cañón del fusil, y mientras avanzaba lenta hacia el condenado, le dio tiempo de huir ayudado por el pequeño grupo de rebeldes junto a los que se había levantado en armas. Se escondió en una aldea cercana, raptó a la ahijada del cura y lo obligó a casarlos, después de jurarle amor eterno. Escaparon montados en el caballo robado al alguacil y pasaron por campesinos en un pueblo donde no les hicieron preguntas. Le pusieron una azada en una mano, pero con la otra cogió un saco de monedas de oro que encontró bajo el colchón de la viuda dueña de la finca, y se pagó el barco hacía el otro continente, donde fue traficante de esclavos. Se enamoró de una mulata fuerte que lo llenó de hijos a los que les contaba historias increíbles de guerra y sangre, y murió de viejo en los brazos oscuros de su mujer, casi sin sentir la bala que le atravesaba limpiamente la frente, mientras el pelotón de fusilamiento lo veía caer, con una sonrisa en los labios, viviendo lo que no iba a ser.

 

 

Formas de adquirir el libro electrónico de manera gratuita:

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FICHA TÉCNICA:

Mínima invasión
Varios autores. Selección y compilación de José Manuel Ortiz Soto

ArteSanoDigital
Ciudad de México

Octubre de 2017

70 páginas

Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International (CC BY-NC-ND 4.0)

Usted es libre de compartir, copiar y redistribuir el material en cualquier medio o formato.

 

 

Mínima invasión – médicos escritores ficcionando Gabriel Ramos

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Summary: José Manuel Ortiz Soto reune en esta antología noventa minificciones de nueve médicos mexicanos de la actualidad.


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About the Author

Psicólogo, coach profesional escritor y promotor cultural.



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