Curiosidades

Published on febrero 22nd, 2018 | by Yakami Barrón

¿La cultura nos salvará?

Primera parte:

Bases tenebrosas

La palabra cultura tenía un significado evidente en el siglo XIX: una serie de valores y conocimientos que socialmente daban un estatus. La poseían gente educada con modales de alta sociedad. Los incultos eran representados por la chusma de los estratos más bajos. Aunque no lo parezca, eso explica su inclusión constante como proyecto de gobierno en los escritos de Ignacio Manuel Altamirano, donde la educación y la cultura eran la clave para levantar a una nación joven como la mexicana. Se pensaba en la ciudad letrada de hombres cultos y doctos en las artes y las ciencias para ponerse a la par de los países con mayor historia.

¿Cultura? Es imposible tratar el término de una manera objetiva y descriptiva.

Sin embargo, lejos del país, con el avance de los estudios sociales y antropológicos a mediados del siglo XX, la palabra adquirió un valor objetivo. Ya no había una distinción entre la sociedad griega antigua, la francesa de la ilustración, la mexica o la sudafricana. Todas eran culturas y todas establecían roles y actividades particulares y no se ejercía ningún juicio de valor: no hay culturas superiores, sólo diferentes y, en ciertos grados, la mayoría tienden a establecer estructuras similares (como se explica en los trabajos de Claude Levi-straus). Más adelante, la pericia científica llevó a los estudios culturales a formular un código ético en el cuál no sólo se negaban a dar juicios de valor, sino que, al convivir con culturas ajenas, evitaban todo acto de aculturación por parte de ello. Comprendían que los antropólogos, al no pertenecer al engranaje social que investigaban, no tenían derecho alguno de interceder en sociedades ajenas.

Se debe aclarar que dicha búsqueda objetiva tiene algunas bases en los discursos decimonónicos de la otredad y la dicotomía civilización-barbarie que, más que científicos, nacían con un morbo y curiosidad por aquellas culturas diferentes. Desde ahí y para la posteridad se abre un nuevo camino subjetivo que crea la imagen idealizada del salvaje; se da vida a los conceptos de culturas exóticas, los buenos salvajes, el idílico fuera de la civilización (cuya raíz principal ya se puede rastrear en la poesía bucólica), o la vuelta de tuerca en la que el intelectual que más conoce estas culturas vuelve a establecer una relación jerárquica con aquellos ignorantes civilizados que han perdido sus raíces humanas por abrazar la mecánica de la tecnología.

Además, a raíz de los críticos de la era industrial, se crea la dicotomía: cultura popular vs. industria cultural. Desde los trabajos de Adorno y Horkheimer, se plantea una cultura orgánica que es creada por la gente como producto de una actividad inherente al ser humano, y otra, deshumanizada, mecánica, que la industria ha creado degradando los valores y empaquetándolos para su consumo en masa.

Este nuevo parteaguas (que como se puede notar no deja de ser la misma historia de siempre) también da pie a muchas otras veredas nuevas; la oda a la cultura del barrio o callejera como auténtica expresión cultural, así como el eterno aprecio a la nostalgia que aboga por regresar a un tiempo donde la industria cultural todavía no avanzaba por determinado territorio: en los 60’s la industria musical no tenía el mismo control que en los 2000, por ejemplo.

Mi punto aquí es mostrar cómo el término de cultura que nace en la cúpula intelectual y se emparenta con un discurso político durante la creación de nuestra república es elitista e invita a la segregación. Como puede verse las buenas intenciones detrás de dicho proyecto no importan, pues el núcleo de su objetivo es el razonamiento: soy mejor persona porque tengo más conocimientos válidos o correctos que tú y, por tanto, tienes que parecerte a mí para ser mejor. De ahí todas las dicotomías y, a no ser que estés en una discusión seria antropológica, es imposible tratar el término de una manera objetiva y descriptiva.

Al pertenecer a una revista de difusión literaria y en pleno año electoral me ha parecido vital hacer este laconísimo recorrido por un término complicado, no hemos avanzado en nada y quizá el querer imponer ideas o cátedras a la gente ha sido el primer gran error en vez de entender la mecánica cultural para luego sumar o dialogar con el bagaje que el intelectual aporta. No una política cultural, sino un trabajo plural (visto en los términos planteados: desde abajo) y que podemos hacer hoy todos. En la siguiente entrega, hablaré del otro problema en el término cultura: la burbuja académica.

 

¿La cultura nos salvará? Yakami Barrón

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Summary: ¿De dónde surge y quiénes piensan el término cultura? ¿Es tan importante? ¿Sera que una serie de valores y conocimientos aún dan estatus?


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About the Author

Crítico, corrector de textos, músico y escritor.



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