Entrevistas

Published on agosto 21st, 2017 | by Gabriel Ramos

Entrevista a José Manuel Ortiz Soto

Entrevistador: Gabriel Ramos (GR)

Entrevistado: José Manuel (JM)

 

GR: ¿Para ti está bien empleado el término “minificción”? ¿Lo consideras correcto o prefieres otro?
JM: No es algo que me cuestione. Uso de manera indistinta los términos “minificción” y “microrrelato”. Tal vez porque pretendo ser políticamente correcto y reconocer la equidad de género en el más reciente género literario; o porque así no entro en conflicto con la mayoría de mis amigos minificcionistas y microrrelatistas. En realidad, no soy alguien que piense mucho en definiciones. Prefiero dejar que los teóricos se hagan bolas con ellas. Si mañana acuerdan que lo que escribimos debiera llamarse cuentos fantasmas, bien por ellos.

 

GR: ¿En tu opinión cuáles son las características fundamentales de una minificción?
JM: La única característica que debería tener un texto es su calidad. Pero como eso no siempre es posible, pretendo que la minificción sea un texto narrativo, casi siempre, ficcional o no, de extensión breve, en el que se seleccionen las palabras si no exactas, al menos las que más se aproximen.

 

GR: ¿Cuál consideras que es la extensión máxima para una minificción?
JM: La que el texto exija, que no lo ampute ni tampoco permita que se vaya de las manos y se convierta en cuento. Los que andamos en esto, solemos escribir en el rango de 1 a 300 palabras. A veces más, pero nunca menos de 1 palabra, incluyendo el título.

 

GR: ¿Quiénes son en tu opinión los principales referentes del género en tu país?
JM: Para no redundar en lo que ya escribieron los estudiosos del género, me vendré al presente. Como no puedo mencionar a todos, por falta de espacio, nombraré aquellos con los que tengo más afinidad: Agustín Monsreal, Marcial Fernández, Luis Bernardo Pérez, Marco Aurelio Chavezmaya, Rogelio Guedea, Armando Gutiérrez Méndez, Fernando Sánchez Clelo, Dina Grijalva, Laura Elisa Vizcaíno, Amélie Olaiz. Entre los autores más jóvenes hay dos muy importantes: Hugo López Araiza Bravo y Roberto Abad.

 

GR: ¿Cómo y desde cuándo nació tu pasión por la minificción?
JM: Más bien debieras preguntarme si yo mismo no soy producto de la minificción. Empecé a escribir muy joven poesía y en algún momento quise escribir cuento y mis narraciones eran más bien breves. Luego supe que la mayoría de mis textos eran minificciones, además de fábulas y un sinfín de cosas inclasificables.

 

GR: ¿Cómo escribes una minificción?
JM: Como puedo. Surge un estímulo (una palabra, un sonido, una imagen, un sueño) y lo desarrollo sin saber adónde irá. Luego lo trabajo las veces que haga falta, lo doy a conocer o se queda en el archivo por años, hasta que nos reencontremos. En mi último libro, Las metamorfosis de Diana vienen muchos ejemplos de lo anterior: hay una mini que casi salió tal cual está publicada, y algunos textos que hibernaron por más de 20 años. El designio de las musas es extraño.

 

GR: ¿A qué se debe el éxito de la minificción en la sociedad actual?
JM: A los buenos escritores que hay, a la difusión de sus textos, al interés que han puesto los teóricos por el género, pero también al capricho del destino. Quizás porque es el tipo de textos que van bien con los tiempos que vivimos.

 

GR: ¿A quiénes reconoces como tus influencias literarias en este género?
JM: A los fabulistas de todos los tiempos, sobre todo Esopo. Y autores más próximos como Juan José Arreola, Monterroso y Julio Cortázar. Pero no niego los poemas en prosa de Baudelaire y Rimbaud. Y a Efraín Huerta, con sus poemínimos.

 

GR: ¿Crees que la minificción se volverá la alternativa literaria para nuestra sociedad más allá de la poesía, del cuento más extenso y la novela?
JM: La minificción ya es una realidad, sobre todo si consideramos que los antecedentes de los textos breves a los que hoy damos ese nombre se pueden rastrear en la literatura de todos los tiempos, en formatos como el aforismo, la alegoría, el apólogo, el epigrama, etcétera. En América Latina los antecedentes más próximos datan de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en las obras de autores como Rubén Dario, Leopoldo Lugones, Macedonio Fernández, Oliverio Girondo, por mencionar algunos. En el caso particular de México, la minificción comenzó con Julio Torri, concretamente con su libro Ensayos y poemas, publicado en el año de 1917. Otros autores considerados precursores destacados del género son Alfonso Reyes, Mariano Silva y Aceves, Genaro Estrada y Carlos Días Dufoo II, entre otros. La minificción actual sólo necesita la comercialización que tienen los otros géneros literarios, sobre todo la novela. El tiempo dirá.

 

 

 

 

José Manuel Ortiz Soto (Jerécuaro, Gto., México, 1965). Médico especialista en Pediatría y Cirugía pediátrica. Tiene publicados los libros de poemas, Réplica de viaje y Ángeles de barro; y de minificciones, Cuatro caminos y Las metamorfosis Diana /Fábulas para leer en el naufragio; en formato digital, Doble cámara falsa de Gesell, La moraleja del cuento, Las cincuenta cabezas de la hidra y Las historias de cada quien. Ha compilado El libro de los seres no imaginarios (Minibichario) y Alebrije de palabras: Escritores mexicanos en breve, este con Fernando Sánchez Clelo. Minificciones suyas forman parte de una decena de antologías de Argentina, España, México y Perú. Administra los blogs Ángeles de barro, Antología Virtual de Minificción Mexicana, Cuervos para tus ojos, Médicos Mexicanos por la Cultura y el Arte y El pingüino rojo. Fue tallerista de La Marina de Ficticia y formó parte del comité editorial de la revista Internacional Microcuentista.

 

Entrevista a José Manuel Ortiz Soto Gabriel Ramos

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Summary: El escritor mexicano comparte algunas observaciones sobre la escritura creativa y el microrrelato.


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Psicólogo, coach profesional escritor y promotor cultural.



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